Un propuesta para la Cuaresma: CUIDAR A DIOS

CUIDAR A DIOS, AYUDARLE… suena casi irreverente, pero ayudar a Dios no es pretender suplirlo o ser más poderos que Él, sino confiar plenamente en Él, sentirnos en sus brazos y ACEPTAR estar en ellos. Cuidar a Dios significa defender lo mejor y más hondo de nosotros mismos, nuestro ser creaturas habitado, cuidando SU espacio. Ayudar a Dios es ayudar al amor, que no tiene más fuerza que su misma oferta.

Esta es la propuesta que nos hace Etty Hillesum (una joven judía que murió en Auschwitz a los 29 años) en uno de los fragmentos de su diario:

«Corren malos tiempo Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesita una cierta práctica… Te cuidaré, Dios mío, para que no te pierdas en mi interior, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sigue leyendo

Anuncios

Martes 28 de febrero: Palabra más, palabras menos

Hace ya unos años el grupo Los Rodríguez cantaba aquello de “Palabras más, palabras menos”. Incluso los Andrés Calamaro y compañía sacaron un disco que llevaba ese título. Hoy me he acordado de aquella canción al meditar las lecturas que nos propone la liturgia… Y es que en el evangelio Jesús nos invita a no emplear muchas palabras en nuestra oración (Mt 6,7). Al orar, mejor ser gente de pocas palabras. Y de mucha Palabra

Hablando a veces con los jóvenes, me preguntan cómo tienen que orar, qué tienen que decirle a Dios, cómo han de dirigirse al Señor en su oración. Me acordaba de ellos hoy al escuchar esta advertencia de Jesús; creo que es la mejor respuesta a sus preguntas. Hace poco leí una frase muy significativa a este respecto: cuando uno está bebiendo, no puede hablar Si la oración es acudir a la Fuente de nuestra vida, ¿qué hacemos hablando tanto? Así no se puede beber… Si llenamos de palabras nuestra relación con Dios, ¿cómo va a hablar Él? Palabra más, palabras menos… Sigue leyendo

Lunes 27 de febrero

Lunes. Primer día de la semana. Estudios. Trabajos. Organización. Planning. Cansancio. Sueño. Abro el ordenador. No todo lo de hoy queda resumido en estas palabras, sino que también hay Palabra para concluir esta noche.

El evangelio de hoy (Mt 25, 31-46) nos presenta el pasaje al que nos referimos como el juicio final, que ciertamente puede conducirnos a mucha reflexión, pero sólo quiero que terminemos el día pensando en un aspecto: ¿Quiere Dios asustarnos? No, seguro que no, Dios no nos amenaza con el “fuego eterno”, sólo quiere que nuestra vida, en el día a día, sea plena y no un infierno, pero…¿cómo? Teniendo un corazón abierto, disponible y urgido por las realidades de los otros, con la mirada graduada para percibir lo que está sin casa o fuera de ella, el gusto cultivado que ofrece lo exquisito para saciar el hambre y la sed, el oído afinado para escuchar aquello que está apresado, el tacto sensible a la desnudez y a la enfermedad. La cuaresma es tiempo de aprender y ejercitarnos en tener habitado el corazón, por Dios y por los otros, inseparables.

Al final del camino me dirán:

¿Has vivido? ¿Has amado?

Y yo, sin decir nada,

abriré el corazón lleno de nombres.

(Pedro Casaldáliga)

Escucha esta canción. Mira la imagen. Párate. ¿Qué nombres están en tu corazón? Buenas noches.

Marina Utrilla ss.cc.


Domingo I de Cuaresma: El Desierto

Mc 1, 12-15. Gwenga inzvimbo yekusangana naMwari

Si esta noche soñáramos con una escena romántica, muy probablemente aparecerá una puesta de sol, un banco en algún parque, un paseo tranquilo por alguna vereda arbolada, o cualquiera de los escenarios pastelosos que nos regalan las taquilleras películas americanas. Por el contrario, me sorprendería bastante si en nuestro sueño apareciera un “desierto”. Cuesta imaginarse a Hugh Grant y a Julia Roberts sorteando dunas para poder encontrar un rincón entrañable.

Y es que hablar de desierto, sobre todo en Cuaresma, tiene muy mala prensa. Arena, piedras, calor, sequía, escorpiones y alimañas por el estilo, soledad, aburrimiento, desesperanza… Muchas de estas palabras recorren nuestro imaginario colectivo cuando pronunciamos la palabra “desierto” (hasta se nos seca la boca). Sin embargo, el desierto en clave bíblica esconde una belleza increíble, una hondura insondable y un verdadero romanticismo vivido desde lo profundo. Basta asomarse a la experiencia del profeta Oseas: Lejos de concebirlo como el rincón de los solitarios, el desierto es para el profeta el lugar privilegiado para el Encuentro (Os 2,16-25). Desierto es sinónimo de seducción, de enamoramiento, de abrazos a raudales, de intimidad acompañada, de complicidad y esperanza. Dios habla a su pueblo en el desierto y en el desierto el pueblo escucha a su Dios. Sigue leyendo

Sábado 25 de febrero: Coordinación ojo-mano-pie

Es verdad, es un gran momento para recalcular ruta. Y para hacerlo os propongo que leáis el mensaje que el Papa ha escrito este año para la cuaresma. Él nos sugiere que comencemos con un entrenamiento muy sencillo: la coordinación ojo-mano-pie.

Ojo: Fijémonos: Un ejercicio de abrir los ojos, de acoger la realidad, de contemplarla sin dejar nada y, sobre todo, a nadie, fuera de nuestro campo visual. Mirarlo y remirarlo todo, buscando el bien del otro, el material y el espiritual.

Mano: Los unos en los otros: Mi existencia está íntimamente relacionada con la de los otros. Una vez que has abierto los ojos y has visto a los demás, atrévete a preocuparte por ellos y por sus cosas, de alguna manera eres responsable de ellos. Dales algo tuyo: tu tiempo, tu dinero, tu esfuerzo, tu sonrisa… Nos pertenecemos unos a otros.

Pie: Caminar hacia la santidad: el que no avanza retrocede en el camino de la fe. Por eso estamos caminando juntos hacia la Pascua. Un cristiano no puede estarse quieto. Siempre está avanzando, siempre camina, y nunca va solo. A veces camina con los otros hombres y siempre tiene de compañero a Jesús.

Si somos capaces de afinar en esta coordinación ojo-mano-pie, podemos conseguir cosas tan increíbles como esta, no en el plano del ritmo, sino en la vida real.

Alba Rodríguez, ecsf

VIERNES 24 DE FEBRERO – Recalculando ruta: la conversión

Imagínate que un día sales de casa, porque has quedado con alguien con quien sueles encontrarte siempre en el mismo sitio. Antes de salir, no ves que te ha escrito un e-mail diciéndote que no estará allí, sino en otro lugar. Sales de casa, sabiendo de sobra las calles por las que tienes que ir, el autobús que tienes que coger y la parada en la que tienes que bajarte,  porque no entra en tu esquema que haya cambiado sus planes.

Da la casualidad de que el autobús, se detiene en la parada donde te está esperando tu amigo. Él te ve y te hace señas para que bajes, pero vas a lo tuyo, oyendo música, mirando el reloj porque el autobús se ha retrasado y no te enteras.

Él echa a correr hacia la siguiente parada mientras te llama al móvil para decirte que te bajes. Pero con la música, no te das cuenta de que te está llamando. De hecho, ni siquiera ves que la persona que va a tu lado te hace señas indicando que te está sonando el móvil. Sigue leyendo

Jueves 23 de Febrero

“El que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.”

 ¿De qué va esto de la Cuaresma?

Como todas las cosas importantes quizás es más sencillo de lo que parece… Va de ser feliz. De los sueños de cada uno. De poder tener la vida más auténtica, más plena, más libre, más llena de vida que se pueda…

Pero lo que suena tan bien, a veces no es tan fácil. Eso lo sabe todo el mundo. Por eso hay que prepararse para lograrlo…

Lo de la cuaresma es esa preparación. Prepararse para ser feliz…

Y para prepararse, lo primero es escuchar lo que dice el propio evangelio sobre cómo hacerlo. Hoy nos dice eso de ahí arriba… y suena raro.

¿Y si en vez de decir “salvarse” —que suena a peligro y accidente— dijéramos “tener una vida plena, una vida feliz, tener una vida que merezca la pena vivir”?

Es lo que todos queremos… pero ¿cómo hacerlo? Sigue leyendo