Lunes 18: ¿tinieblas o luz?

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la Vida» (Jn 8,12)

LuzCuando éramos pequeños solíamos jugar a “tinieblas”, escondiéndonos en la oscuridad. Ahora de mayores quizá seguimos con el juego, porque preferimos permanecer en la oscuridad, apartados de la luz. A veces, sutilmente, percibimos cómo nuestro corazón prefiere ocultar algunas cosas, cómo luchamos porque no salgan “a la luz” nuestras fragilidades, nuestros miedos, nuestros errores.

Con la fe nos pasa algo similar. Queremos que el Señor ilumine nuestra vida, e incluso oramos diciendo que “el Señor es nuestra luz”, mientras sólo dejamos que Él alumbre algunos aspectos de nuestra vida, sólo aquellos que nos gusta “lucir”. Mantenemos otros en las tinieblas, donde no permitimos que entre su luz, nos da miedo o vergüenza mostrarle al Señor esas “oscuridades”.

No nos damos cuenta de que él ha venido a iluminar toda nuestra vida, y que a través de toda ella —con su fragilidad incluida— es como pretende alumbrar nuestro mundo. Porque lo importante es su Luz, hagamos esta noche un ejercicio en nuestra oración: expongamos a la luz de su misericordia todo lo que somos, dejemos que el Señor ilumine TODA nuestra vida, también las tinieblas, para dejarnos transformar en reflejos de su Luz.

Buenas noches.

Guzmán Pérez Montiel, sdb

El vicario de Cristo

Vicarios de Cristo«No desprecies a esos que yacen tendidos como si no valieran nada. Considera quiénes son y descubrirás cuál es su dignidad: ellos nos representan la persona del Salvador. Así es: porque el Señor, por su bondad, les prestó su propia persona a fin de que por ella conmuevan a los que son duros de corazón»
(San Gregorio de Nisa, Homilía sobre el amor a los pobres)

En estos días en que tanto se habla del Papa, uno de mis alumnos de Bachillerato me preguntaba —refiriéndose al Sucesor de Pedro— cómo es posible que podamos considerar a un hombre el “representante de Dios en la tierra”. Otro alumno comentó después que el Papa no es “representante de Dios”, sino “vicario de Cristo”, y allí estuvimos dialogando un buen rato sobre si podemos denominar a los ministros en la Iglesia como mediaciones de Dios, y asuntos similares.

Al leer el evangelio que la liturgia establece para este Lunes I de Cuaresma, me acordaba  hoy de la conversación con mis alumnos, y pensaba ¿quiénes son los representantes de Dios en la tierra? Porque si Jesús nos dice que lo que hagamos a uno de sus hermanos más pequeños, a Él se lo hacemos (Mt 25, 40), entonces será que los representantes de Cristo son los que pasan hambre, los que sufren, los enfermos, los olvidados, los que no cuentan, los “nadies”… ¿No? Porque Cristo nunca habló de vicarios o representantes suyos más que cuando se refirió a sus hermanos los necesitados en esta parábola… Sigue leyendo

Dejar la Navidad en pañales

«Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales
y acostado en un pesebre» (Lc 2,12)

Cuando apenas faltan unas horas para que celebremos en familia —o en comunidad— la Nochebuena, quiero hacer un llamamiento a todos los que en esta noche tan especial hacemos memoria del Niño Dios: dejemos la Navidad en pañales.

La Navidad es Jesús, la Nochebuena es Jesús: el niño envuelto en pañales, nacido en un pesebre, porque no había sitio en la posada. Seguramente le hemos puesto al niño Jesús tanta ropa (o tantos “disfraces”, mejor dicho), que nos hemos despistado e incluso olvidado de que Él es el centro de este misterio de la Navidad. Jesús… nada más (y nada menos). Nuestra navidad tiene tantos adornos, tanta parafernalia, tantos “envoltorios”, que es fácil quedarse en la superficie y celebrarla al margen de Jesús.

Aunque la alegría de la fiesta y el sentido de familia sean muy importantes en estos días, lo son precisamente porque Dios se hace Dios-con-nosotros. Porque nos ama, y punto. Y la señal que nos muestra este inabarcable misterio de Amor es un niño envuelto en pañales. Un frágil recién nacido, la inmensidad de Dios hecha carne… ¡Qué cosas tiene nuestro Dios! Y algunos todavía piensan que Dios está muy lejos de nosotros…

Busquemos un hueco esta tarde, esta noche, o mañana, o en los próximos días, para acercarnos en silencio a contemplar este gran Misterio. Busquemos un nacimiento en alguna iglesia cercana, o junto al belén de nuestra casa, y contemplemos al Niño en pañales. Dejemos que brote en nosotros el agradecimiento a Dios por este gran Regalo que nos ha hecho: su Hijo. Y acerquémenos a Él sin ocultarle nada, tal y como somos, sin disfraces, también “en pañales”… Quitemos todos los “ropajes” que hemos puesto a la Navidad. Y así podremos acercarnos con corazón generoso a esos niñosjesús que sufren la debilidad, el abandono, la soledad, la marginación… Dejemos la Navidad en pañales.

Feliz Navidad

Guzmán Pérez, sdb

Lunes II de Adviento: dejarse encontrar

esconditeLos momentos que paso con mis sobrinos son siempre una fuente de alegría y de cariño, pero además son también una escuela de aprendizaje para la vida. Os cuento algo que me ha pasado más de una vez jugando con ellos, y que tiene mucho que ver con el Adviento.

Cuando juego con ellos al escondite (sobre todo con Juan, que tiene ahora seis años, y con Miguel, que va a cumplir cuatro), me ocurre una cosa muy curiosa. Si son ellos los que se esconden para que yo les busque, no aguantan mucho tiempo escondidos, y enseguida alguno de ellos —desde su escondite— me llama: “¡Tío, estoy aquí!”, para que yo vaya y lo encuentre pronto. Y se ríen mucho y se ponen como locos de contentos cuando voy.

Yo comparo todo esto con la fe y la búsqueda de Dios. La inocencia de mis sobrinos me enseña que es esencial dejarse encontrar por aquel que sabes que te quiere y que te está buscando. Así es Dios: nos quiere incondicionalmente, y nos busca constantemente. Como a Adán, nos pregunta a menudo: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9). Y nos busca allí donde estamos, aunque no sea la situación perfecta, aunque no estemos del todo “arreglados” para la ocasión, aunque creamos que no somos dignos…

El Adviento nos recuerda que no somos nosotros los que buscamos a Dios primero. Él siempre tiene la iniciativa, siempre nos busca antes que nosotros a Él. Pascal imaginaba que Cristo le decía: «no me buscarías si no me hubieras encontrado ya». Podemos parafrasearlo esta noche diciendo: no me buscarías si yo no te hubiera encontrado ya

¿Estás dispuesto a dejarte encontrar por Dios en la situación concreta en que vives? No tengas miedo, sal de tu escondite, déjate encontrar por Él…

Guzmán Pérez, sdb

Este Adviento, vamos “de camino a Belén”

Hace unos meses un grupo de religiosos jóvenes se puso “De camino a la Pascua”, con el deseo de ayudar a cuidar la cuaresma cada noche, abriendo el corazón. La noche del sábado 1 de diciembre comienza un nuevo camino… a Belén; necesitamos prepararnos, encontrar la estrella, adentrarnos para encontrar la Vida. ¿Te animas a caminar con nosotros este Adviento?

Como en la Cuaresma, durante este tiempo de Adviento nos gustaría poder compartir unos minutos cada noche con vosotros, para terminar el día de una forma “diferente”, a través de una pequeña reflexión, un vídeo, una canción… algo que nos pueda ayudar a avivar esa búsqueda diaria en el camino hacia Belén… Puedes acompañarnos en el blog (decaminoalapascua.wordpress.com), por Twitter (@decaminoabelen) y en Facebook (www.facebook.com/decaminoabelen).

En la Cuaresma éramos siete religiosos jóvenes de distintas congregaciones. Ahora en Adviento este grupo ha crecido en número y en diversidad. Somos 14 religiosos jóvenes, de 14 congregaciones distintas. Cada noche, hacia las 21.30 h., uno de nosotros será el que ofrezca unas huellas distintas de los pasos hacia Belén. Unas “buenas noches” diferentes…

  • Olalla González, Religiosa de María Inmaculada
  • Marina Utrilla, Religiosa de los Sagrados Corazones
  • Vicente Niño, fraile Dominico
  • Daniel Cuesta, Jesuita
  • Guzmán Pérez, Salesiano
  • Alba Rodríguez, Esclava Carmelita de la Sagrada Familia
  • Manuel Ogalla, Misionero Claretiano.
  • David Alarcón, Carmelita Descalzo
  • María Huertas, Hermana del Santo Ángel de la Guarda
  • Carlos Galán, Misionero Redentorista
  • José Miguel Fernández, Hermano de La Salle
  • Fabio Oliveira, Hermano Marista
  • Ángela Lopera, Esclava del Divino Corazón
  • Salva Jiménez, Franciscano

Así juntos, podemos ir caminando por este Adviento de camino a Belén, donde nace la Vida…

¿Caminas con nosotros?

Martes 27 de marzo: regalos que no tienen precio

Hace unos días me contaba mi cuñada una anécdota muy simpática que le ocurrió con su hijo Miguel. Todas las madres suelen decir cosas bonitas a sus hijos, expresiones de cariño que salen espontáneas del corazón y que suelen ir acompañadas de besos y abrazos. Curiosamente el otro día, al decirle una de ellas –“¡hijo mío, eres un regalo!”– mi sobrino le respondió desde su sabiduría de tres años: “¿y dónde me has comprado?”.

Lógica aplastante, ¿verdad? Los niños tienen respuestas que nos dejan asombrados. Al terminar de contar la anécdota, nos echamos a reír. Al momento me puse a pensar si no se le podía sacar “miga” a la conversación… Lo más importante de la vida suele ser difícil –o imposible– de comprar. Los regalos que Dios nos hace no están a la venta. Precisamente son eso: regalos. La fe que ha puesto en nuestros corazones, el amor que nos ha mostrado en su hijo Jesucristo, son un don al que nunca corresponderemos con nuestros méritos, por muchos y buenos que sean. Con Dios siempre hay “ofertas”: no nos impone su amor, nos lo ofrece incondicionalmente.

Nos acercamos a la Semana Santa. Haremos en estos días memoria agradecida del regalo de Jesús: su amor entregado hasta el extremo. No olvidemos nunca que hay regalos que cambian la vida, que hay amores que nos transforman si respondemos a ellos con gratitud y generosidad. El del Hijo de Dios, sin duda, es uno de ellos. Es el Amor, es el Regalo con mayúsculas. Y no tiene precio…

Guzmán Pérez sdb

Martes 20 de marzo: ¡al agua!

«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua» (Jn 5,7)

Reconozco que soy muy friolero y que, cuando voy a una piscina, me cuesta mucho tirarme al agua. Me lo pienso, toco el agua con los pies, me mojo un poco la tripa, y hago todo ese “ritual” que incluso las abuelas repiten en el borde de la piscina. Y suele ocurrirme que, mientras me decido, hay algún graciosillo que me empuja y pone fin a mi indecisión acuática. En el fondo (nunca mejor dicho) casi se agradece, porque al fin y al cabo tampoco suele estar el agua tan fría y es muy saludable darse un buen baño, nadar un rato, disfrutar y sentirte “como pez en el agua”.

Hoy el evangelio de Juan nos sumerge en un relato muy sugerente. La curación de un paralítico en la piscina de Betesda, un texto muy teológico y simbólico que nos remite a Jesús como Agua viva. Porque, al mismo tiempo, nos recuerda que todos vimos la luz después de estar 9 meses sumergidos en las “aguas” maternas, y que por el bautismo hemos sido sumergidos con Cristo en el amor de Dios. Ese amor en el que deberíamos sentirnos “como peces en el agua”, sin miedo a nada, como esos niños que pueden pasarse horas en la piscina chapoteando. Lo que ocurre es que, a veces, tenemos miedo de que esa agua no esté tan “calentita” como esperamos, o la duda de si sabremos nadar bien —incluso contracorriente—, o la pereza de no querer “mojarnos” y comprometernos. Y todo eso nos paraliza, como le ocurre al hombre que Jesús encuentra en Betesda. No tiene a nadie que le “lance” al agua, o quizá no deja que nadie lo haga…

Esta noche te invito a preguntarte quiénes son las personas que te dan ese empujón para “tirarte al agua”, quiénes te acercan al Agua viva, quiénes te “lanzan” y te “sumergen” en las aguas de la confianza, del compromiso y de la entrega generosa. Da gracias por ellos, da gracias porque —sea como sea— al final te has animado a lanzarte a la piscina, a confiar, a “mojarte”… Y esas aguas te han renovado y te han sanado.

Y si no es así, pide a Dios que te dé valentía, decisión, fe, para darte un “chapuzón”, y que ponga en tu vida personas que te acompañen al borde de la piscina y te den ese empujoncito que necesitas. ¡Déjate ayudar, confía!

Guzmán Pérez, sdb