Sábado 16 de marzo: Durante la cuaresma… ¡y más allá!

con los brazos abiertos

Comenzamos en este sábado que casi se hace ya domingo, la última semana de cuaresma, la última semana de nuestro camino a la pascua.

Los sábados por la noche para mí, son un momento especial. Si salgo a dar una vuelta con los amigos, es momento en el que te cuentas la semana, en el que parece que recopilas algo de lo vivido días atrás. Si no salgo, me busco un ratito por la noche, para hacer lo mismo, pensar en la semana que termina y mirar a la que empieza.

Pues así, casi terminando la cuaresma, me pasa éso hoy, que miro para atrás a estos cuarenta días que ya mismo terminarán, y veo que ha sido una cuaresma muy rara. Pero rara, por especial y distinta.

Y supongo -y creo, y espero…- que no sólo para mí, sino para todos los que de un modo u otro estamos embarcados en esta aventura de la fe. Y es que toda la historia de la renuncia de Benedicto XVI, el cónclave y la elección de Francisco, la han hecho que sea distinta. Muy distinta.

Ha sido una cuaresma, y éso que aún nos queda esta semana, en la que, de un modo u otro, hemos tenido más presenta a la Iglesia, al mundo, las necesidades de hoy en día, los retos a los que los cristianos nos enfrentamos. Nos hemos hecho conscientes de las responsabilidades que tenemos como Iglesia, del valor de la oración, del poder de la entrega, de las posibilidades que se abren cuando nos olvidamos de uno mismo y miramos a los demás. Ha sido una cuaresma en la que Dios se ha hecho mucho más cotidiano, más presente, más constante. Y ha sido genial.

Me encanta leer por aquí y por allí las muestras de amor y de esperanza que despierta el papa Francisco, como parece que llena de ilusión y de ánimo para vivir el día a día de nuestra condición de creyentes y los retos que nos esperan. Y eso me encanta… pero, reconozco, que también me da un poco de miedo… me da miedo que sea sólo la novedad, la noticia, y que cuando se cansen los medios de comunicación de hablar de él, también a nosotros se nos vaya esa ilusión, esas ganas, esa esperanza, esa pasión de la fe…

En el fondo es algo parecido a la cuaresma… me gustaría que todo lo vivido, rezado, pensado, soñado, leído, escuchado, sentido, proyectado, reflexionado, compartido… no se quedara ahí, que siguiera… primero en los días centrales de la Semana Santa que ya se nos acerca, y segundo, después, cuando los medios ya no hablen de Francisco, y nuestro día a día vuelva a ser cotidiano… que entonces sigamos buscando hacer a Dios el centro -normal, cotidiano, sin estridencias, sin sobresaltos- de nuestro día a día.

Buenas noches.. y buena última semana de cuaresma.

Vicente Niño, OP

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