AL TERMINAR UN DÍA QUE PROMETE…

arcabas-naissance

En este momento en que toca ya recoger un día como hoy, como es Navidad, me doy cuenta de que tengo ganas de abrazar a mis padres, a mi hermano Aitor, a Mariam (su novia)… Tengo ganas de volver a ver a Amama, aunque cueste ver cómo se va deteriorando, y de conocer a Aritz, el hijo de mi primo Iván que nació hace apenas dos meses. No sé muy bien cómo poder explicarte que más que deseos son promesas, porque tienen una base de realidad, de posibilidad…

Si miras para dentro, hacia tu corazón, es posible que descubras que, efectivamente, son las promesas las que nos mueven, que es la esperanza la que las alimenta y que nos plenifican cuando ponen en juego la energía más importante que hay en nosotros y que, además, viene directamente de Dios: la necesidad de amar y ser amados.

Toda la Humanidad se ha mantenido por promesas, por sueños que, vinculados a la realidad, podían hacerse reales: es la base de los descubrimientos de la ciencia, del deseo de emprender un negocio, de la formación de una familia, del trabajo… El pueblo de Israel y la historia del cristianismo no podían ser diferentes.

El que hoy celebremos la Navidad no es casualidad. Los estudiosos apuntan a que el hecho de que sea un 25 de diciembre no es aleatorio sino que responde a la probable cristianización de la fiesta romana del sol invicto, el solsticio de invierno. Luego, los cristianos de los primeros siglos sabían perfectamente que en Navidad no celebraban el “cumpleaños” de Jesús.

Y los propios textos evangélicos que leemos estos días, sacados de Lucas y Mateo, son posteriores al resto del Evangelio, y responden a un género literario (como géneros son el teatro, la novela, la poesía…) muy concreto en la cultura judía: el Midrash. Leer literal e históricamente el texto para intentar descubrir y discutir si efectivamente pasó esto o lo otro, es usar el texto para lo que no fue escrito, puesto que a través del Midrash, los Evangelios recuperaron las tradiciones judías más antiguas (desde la genealogía de Jesé, hasta el nacimiento del rey David en Bethelem, “casa del pan”, pasando por la concepción virginal de los dioses y la adoración de los magos) para decir simple y llanamente: este Jesús del que leeréis en estos Evangelios es, efectivamente, Dios, y es el Mesías, la promesa que esperábamos, nuestro liberador.

Navidad es el tiempo en que las promesas de Dios se hacen realidad. No sé cómo habrás vivido tu Adviento, pero tómate un tiempo (ahora ya después de misas, comilonas, luces y regalos) y relee las promesas que te ayudaron a soñar Olalla, Marina, Vicente, Carlos, Salva, María, Fábio, Manu, Alba, Ángela, Dani, Guzmán, David… Hablaban de justicia, de verdad, de ponerse en el pellejo del otro, de amor, de entrega, de sencillez en la vida, de estar al lado de los que nos necesitan, de Dios… Y son promesas porque son posibles, porque son reales.

Y, ¿tú? ¿Cuáles son las promesas con las que sueñas, en las que esperas? Pues hoy es Navidad. Eso sí, no esperes que Dios sea el mago que arregla problemas o el “Fortasec” que termina con nuestras indigestiones… Su fuerza está en la dinámica del amor que se da y que se recibe: la suya no es una promesa a medias… Para tu vida, la suya es una promesa de plenitud.

Josemi, fsc

Quiero terminar agradeciéndote este camino que hemos hecho juntos, y te dejo este vídeo para que también puedas orar, pensar… http://www.youtube.com/watch?v=9-wLFgsu67A

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s