Entre el ruido, las luces y la gente

Entre el ruido, las luces y la gente

 

Hay veces que demasiado ruido hace que no escuchemos nada, que demasiado luz hace que no veamos, y que demasiada gente hace que no encontremos a nadie… Necesitamos entonces taparnos los oidos y buscar el silencio, cerrar los ojos y buscar la oscuridad, apartarnos de la gente y quedarnos solos…

Estos dias de Navidad en los que estamos ya metidos, a dos días de Nochebuena, son días de todo eso, ruido, villancicos, risas, música, jolgorio, luces, velas, bombillas, amigos, familia, conocidos, gente a raudales por las calles, fiestas, cenas, comidas, regalos… ¡y está muy bien! Disfrutar de las cosas buenas de la vida es un regalo de Dios, compartir nuestra alegría y felicidad está más que muy bien, porque la alegría y la vitalidad son contagiosas y hace falta llevar algo del brillo de la Navidad al mundo…

Pero no se nos puede olvidar cuál es el verdadero brillo de la Navidad, no podemos olvidarnos, entre el ruido, las luces y la gente, de qué es lo que celebramos… que llega y nace el salvador del mundo, el Hijo de Dios que se hace Hombre por amor, para traer la vida que no se agota, para decirnos qué es ser seres humanos… y que viene especialmente para los que más sufren, para los que no cuentan, para los que nadie quiere…

Asi que antes de que llegue el lunes, la Nochebuena, os propongo esta noche dos cosas para hacer durante las fiestas y no perdernos entre las luces, las gentes y los ruidos, y asi saber dónde está el centro de la Navidad. Una que podamos buscar un hueco para estar simplemente en silencio, solos, a oscuras, dejando que sea Dios el que venga a nosotros, un momento que nos recuerde dónde está el centro de la Navidad. Y dos, que no nos olvidemos de todos los que no viven estos dias entre ruido, luces y gentes: de las personas sin hogar, de los presos, de los emigrantes que tienen lejos a sus familias, de los drogadictos, de los enfermos que pasarán estos dias en un hospital, de los que sufren el azote de la crisis, de los que han perdido sus casas, sus trabajos o sus familias, de quienes viven en la tristeza y la angustia o el miedo, de quienes no saben cómo seguir adelante, de los que han dejado ya de preguntarse cómo salir de esta… Para ellos son para quienes vino primero el Señor, y nosotros a quienes dejó encargados de cuidarlos y atenderlos…

Ahí está el verdadero brillo de la Navidad, entre el ruido, las luces y la gente, escondido, sin hacer mucho ruido, viniendo para sanar los corazones heridos, ahí está el Señor.

Feliz Navidad a todos.

girl in church

Fr. Vicente Niño Orti, OP

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