Kupupura, anunciar la Buena Noticia

Lc 3, 10-18. Kupupura, anunciar la Buena Noticia

A veces nuestro mundo clama por una mirada nueva y atrevida; pero quizás sean más las veces en las que nuestras miradas necesiten asomarse al balcón del mundo. Como el centinela del profeta Isaías, quizás sea éste el tiempo de abrir los ojos y mirar lo que esconde la noche. Periódicos, telediarios, notas de prensa, la radio, internet… todos los medios de comunicación nos describen un mundo sediento de paz y de justicia. Basta con echar un vistazo a nuestro alrededor para que nuestro estómago se estremezca, nuestra lágrima se rinda y nuestra voz se conmueva: Desempleo, explotación laboral, marginación, desestructuración familiar, abusos financieros, frustración y desesperación, violencia subliminal, sufrimiento escondido, soledad, frío, ¿vida? Muerte.

Quizás sea éste el momento de salir a la calle y dejar que la realidad nos desnude, nos desarme, nos duela. Quizás sea ya la hora de guardar analgésicos y armaduras, la hora de desinstalar escusas y comodidades, la hora de desterrar miedos e inseguridades, la hora de regalar una palabra diferente y un gesto nuevo entre tantas malas noticias. Es ya la hora de anunciar una verdadera Buena Noticia. A ti y a mí nos toca proclamar, testimoniar, predicar, contagiar, cantar, bailar la Buena Noticia del Reino, el Evangelio de la Esperanza, la alegría gozosa del Dios de la Vida. Esto es lo que encierra la preciosa expresión en shona kupupura. Esto es lo se atrevió a hacer aquel loco de la casa de Zacarías a quien llamaban el Bautista. Kupupura significa dar testimonio, compartir lo vivido, expresar una experiencia, transmitir lo que fluye desde los pies a la cabeza, dejar que la boca hable de la abundancia del corazón. Kupupura es encender a otros en júbilo de fiesta. Kupupura es ser, en el mundo que nos ha tocado vivir, una carta viva a los Filipenses; es dejar que nuestra mesura sea conocida hasta los confines de la tierra, porque es la mesura amorosa de Dios.

Ayer y hoy, en tiempos de Juan Bautista y en nuestro momento histórico, desde España hasta Zimbabwe, sigue habiendo publicanos que exigen más de lo establecido, fuerzas de seguridad que extorsionan y abusan de su autoridad, poderosos que acumulan con avaricia “túnicas” y “denarios”. Entonces y ahora, aquí y allí, nuestra misión es alzar la voz y dilatar la alegría de este Domingo Gaudete de Adviento. Nuestro sino es regalar una palabra diferente, una mirada cálida, un gesto fraterno, ser lugar de encuentro y fuego de hogar. A ti y a mí nos toca ser Evangelio para el mundo. A ti y a mí nos toca dar testimonio de Aquel que ha querido compartir nuestras noches y nuestros días, de Aquel que nos ha amado desde la desnudez del pesebre hasta la desnudez de la cruz, de Aquel que ha decidido no ser Dios sin ser tremendamente humano. Tu misión y la mía es asomarnos al balcón del mundo, pisar la tierra y el asfalto… y kupupura, anunciar la Buena Noticia.

Manuel Ogalla cmf

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