Viernes. La mirada de Michele

LA MIRADA DE MICHELE.

Nos pasó en Roma en una de las tantas librerías religiosas que allí hay. Saludando a un monseñor se acercó un joven que pedía, un barbone como les dicen. No le dimos nada, nos pidió la bendición. Pero, por esas cosas de la vida en las que Dios te sorprende, entablamos una conversación. ¿Cómo te llamas? Michele ¿De dónde eres? Que importa – nos responde -. Lo importante no es de dónde vengo o a dónde voy, de qué nación eres o donde naciste. Lo importante es que Jesús nos ha salvado y nos ama y nos hace a todos hermanos en su amor. Y así siguió hablando en esta línea y nos despedimos con el saludo de PACE E BENE, a lo que nos deseo MUCHA PAZ.

Pero no quedó ahí la cosa. Casi por arte de magia, a la mañana siguiente en otro punto distinto de Roma de nuevo nos encontramos a Michele. La verdad, es que la alegría fue grande. La mirada denotaba un brillo y una viveza especial. Esta vez nos saludamos por el nombre y con gozo. Y de nuevo comenzamos a hablar: Hoy, ¿cómo estás? ¿bien o mal? Y la respuesta de Michele no se hizo esperar: ¡Que pregunta! Me gustaría estar bien, intento hacer el bien… pero descubro que en mi vida muchísimas veces no siento ni vivo ese bien que me gustaría… conviven en todos el bien y el mal, pero deberíamos amar más a todos, sin juicios, de manera limpia… Esta vez teníamos tiempo, el sol nos alumbraba y calentaba a todos ¡porque hacía un frío! pero más nos animaban las palabras de Michele y el brillo que transmitía en la mirada cada vez que compartía con nosotros una idea o una reflexión. Después de un buen rato hablando, de pedirnos unas monedillas, quedamos en rezar unos por otros encarecidamente. No dudo que Michele está rezando por nosotros.

Después comienzan las elucubraciones. Estará en la calle por opción… Lo mismo tiene problemas psicológicos… o el síndrome de Jerusalén y se cree Jesucristo… o vaya usted a saber… Lo mismo pensaron de Jesús: como come y bebe, es un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores… Pero al final seguimos en la plaza como los niños gritándonos nuestras suposiciones.

Michele, sus palabras, su MIRADA… fueron presencia y palabra de Dios. Nos recordó lo esencial, el misterio de cada hombre, la salvación sólo por y desde el AMOR, ser hermanos por encima de todo, la oración unos por otros… Dios viene, Dios está presente en tu vida. Su MIRADA de amor hacia ti, es constante, continua, llena de ternura y misericordia. Los hechos, tu historia, tu vida, dan razón a la sabiduría de Dios.

La MIRADA de Michele nos lo recuerda, a pesar de todo Dios sigue viniendo, Dios sigue saliendo a tu encuentro ¡NO LO DUDES! Mira con ojos limpios, déjate mirar. Ama y déjate amar. ¡VEN SEÑOR JESÚS!

Fr. Salva ofm

MICHELE

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