Adviento: tiempo de espera

Cuando era pequeño el Adviento era probablemente uno de los tiempos más largos del año. Era el tiempo de la espera y también el de la ilusión, pero era una época en la que los días parecían pasar muy despacio. Primero había que esperar el puente de la Inmaculada para poder montar el Belén y empezar a cantar villancicos. Después venía la espera de las vacaciones. Luego la espera de la llegada de toda la familia el día de Nochebuena. Y por último, ya en Navidad, venía la espera del día de Reyes.

Cada día abríamos una ventana del calendario de Adviento y nos comíamos un bombón. Recuerdo que los días pasaban muy lentamente y parecía que nunca iba a llegar el momento de abrir la ventana correspondiente al día 24 de diciembre. La ilusión iba creciendo junto con la impaciencia y las palabras que solíamos repetir eran faltan solo días o tengo unas ganas de que llegue. Y es que con ojos un niño, la espera del nacimiento de Jesús se ve de un modo especial.

Según hemos ido creciendo, casi sin darnos cuenta, hemos ido cambiando estos sentimientos por los de la prisa y el agobio. Ya no pensamos que faltan muchos días para Navidad, ni se nos hace larga la espera, sino que nos decimos ¿ya estamos en diciembre?, ¡qué rápido se ha pasado!, ¡falta poquísimo para Navidad! Y así comenzamos a pensar en todo lo que tenemos que hacer, preparar, comprar… y en que se nos va a echar el tiempo encima. El resultado es que muchos años se nos pasan los días del Adviento (ahora ya sin calendario con bombones) y cuando llega la Navidad nos damos cuenta de que no hemos preparado nuestro corazón para una fiesta tan importante, pero ya poco se puede hacer.

Por eso quizá, ahora que estamos a mitad del Adviento sea un buen momento para hacernos como niños otra vez. No en una vuelta a la inmadurez ni a la despreocupación por las obligaciones, sino más bien en una vuelta a la vivencia de la espera con ilusión, paciencia y confianza en el Dios que viene. Quizá podamos desempolvar muchos sentimientos que se han enfriado y así esperar activamente al Niño que va a nacer, como solíamos hacerlo con nuestra mirada de niños.

Dani Cuesta SJ


http://www.pastoralsj.org/index.php?option=com_content&view=article&id=607&catid=25:para-pensar&Itemid=21

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