Martes 27 de marzo: regalos que no tienen precio

Hace unos días me contaba mi cuñada una anécdota muy simpática que le ocurrió con su hijo Miguel. Todas las madres suelen decir cosas bonitas a sus hijos, expresiones de cariño que salen espontáneas del corazón y que suelen ir acompañadas de besos y abrazos. Curiosamente el otro día, al decirle una de ellas –“¡hijo mío, eres un regalo!”– mi sobrino le respondió desde su sabiduría de tres años: “¿y dónde me has comprado?”.

Lógica aplastante, ¿verdad? Los niños tienen respuestas que nos dejan asombrados. Al terminar de contar la anécdota, nos echamos a reír. Al momento me puse a pensar si no se le podía sacar “miga” a la conversación… Lo más importante de la vida suele ser difícil –o imposible– de comprar. Los regalos que Dios nos hace no están a la venta. Precisamente son eso: regalos. La fe que ha puesto en nuestros corazones, el amor que nos ha mostrado en su hijo Jesucristo, son un don al que nunca corresponderemos con nuestros méritos, por muchos y buenos que sean. Con Dios siempre hay “ofertas”: no nos impone su amor, nos lo ofrece incondicionalmente.

Nos acercamos a la Semana Santa. Haremos en estos días memoria agradecida del regalo de Jesús: su amor entregado hasta el extremo. No olvidemos nunca que hay regalos que cambian la vida, que hay amores que nos transforman si respondemos a ellos con gratitud y generosidad. El del Hijo de Dios, sin duda, es uno de ellos. Es el Amor, es el Regalo con mayúsculas. Y no tiene precio…

Guzmán Pérez sdb

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