Martes 20 de marzo: ¡al agua!

«Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua» (Jn 5,7)

Reconozco que soy muy friolero y que, cuando voy a una piscina, me cuesta mucho tirarme al agua. Me lo pienso, toco el agua con los pies, me mojo un poco la tripa, y hago todo ese “ritual” que incluso las abuelas repiten en el borde de la piscina. Y suele ocurrirme que, mientras me decido, hay algún graciosillo que me empuja y pone fin a mi indecisión acuática. En el fondo (nunca mejor dicho) casi se agradece, porque al fin y al cabo tampoco suele estar el agua tan fría y es muy saludable darse un buen baño, nadar un rato, disfrutar y sentirte “como pez en el agua”.

Hoy el evangelio de Juan nos sumerge en un relato muy sugerente. La curación de un paralítico en la piscina de Betesda, un texto muy teológico y simbólico que nos remite a Jesús como Agua viva. Porque, al mismo tiempo, nos recuerda que todos vimos la luz después de estar 9 meses sumergidos en las “aguas” maternas, y que por el bautismo hemos sido sumergidos con Cristo en el amor de Dios. Ese amor en el que deberíamos sentirnos “como peces en el agua”, sin miedo a nada, como esos niños que pueden pasarse horas en la piscina chapoteando. Lo que ocurre es que, a veces, tenemos miedo de que esa agua no esté tan “calentita” como esperamos, o la duda de si sabremos nadar bien —incluso contracorriente—, o la pereza de no querer “mojarnos” y comprometernos. Y todo eso nos paraliza, como le ocurre al hombre que Jesús encuentra en Betesda. No tiene a nadie que le “lance” al agua, o quizá no deja que nadie lo haga…

Esta noche te invito a preguntarte quiénes son las personas que te dan ese empujón para “tirarte al agua”, quiénes te acercan al Agua viva, quiénes te “lanzan” y te “sumergen” en las aguas de la confianza, del compromiso y de la entrega generosa. Da gracias por ellos, da gracias porque —sea como sea— al final te has animado a lanzarte a la piscina, a confiar, a “mojarte”… Y esas aguas te han renovado y te han sanado.

Y si no es así, pide a Dios que te dé valentía, decisión, fe, para darte un “chapuzón”, y que ponga en tu vida personas que te acompañen al borde de la piscina y te den ese empujoncito que necesitas. ¡Déjate ayudar, confía!

Guzmán Pérez, sdb

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2 pensamientos en “Martes 20 de marzo: ¡al agua!

  1. Si echamos la vista atrás, seguramente veamos nuestro camino sembrado de “las huellas de Dios” en muchos momentos de nuestra vida. Esas huellas las han marcado personas concretas, con nombres y apellidos; personas que con sus palabras y gestos nos han ido “empujando” hacia Dios. Son personas que nos han consolado cuando estábamos tristes, nos han orientado cuando estábamos perdidos y nos han refrescado con “ese Agua” cuando estábamos sedientos y exhaustos.
    Hoy quiero, desde aquí, dar las gracias a todos aquellos que se han “tirado al agua”, a los que “han empujado a otros”, también a quiénes “salpican a muchos” y, por supuesto, a los que les encanta “chapotear” en el Agua de Jesús y disfrutan como niños.

    Gracias, Guzmán, por tu reflexión, me ha encantado.
    Gracias a los siete por hacer de este “Camino a la Pascua” un “Agua Viva” que invita a “mojarse”.
    Buenas noches.

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