Viernes 16 de marzo: Cuaresma; una carrera de fondo

Van pasando los días y poco a poco hemos recorrido más de la mitad de nuestro camino hacia la Pascua. A estas alturas del trayecto siempre solemos perder entusiasmo y normalmente empezamos a pactar con los propósitos, metas e ideales que nos pusimos el primer día. Así, si el Miércoles de Ceniza estábamos dispuestos a rezar una hora todos los días, a estas alturas nos parece que con media tenemos más que suficiente, si pensábamos en ayunar de alguna cosa que nos parece importante, hoy nos excusamos diciendo que bastantes ayunos trae ya la vida por sí sola. Y si pensábamos en dar limosna, o hacernos cercanos a gente que nos necesita, ahora vuelve a parecernos que estamos muy agobiados y no tenemos tiempo para cosas extraordinarias.

Normalmente, a mitad de la Cuaresma me viene la misma sensación que cuando competía en natación. En la piscina, cuando las competiciones son de pocos metros, solemos darlo todo y llegar al final rebosantes de energía. En esos casos es clave el ir a tope y no perder ni un minuto.

Pero hay otro tipo de competiciones, las de resistencia, en las que la clave es otra. En estas pruebas hay un punto crucial entre la mitad y el sprint final que suele ser decisivo. Es el momento en el que uno se encuentra cansado y siente que las fuerzas empiezan a faltar. Ahí hay dos opciones: o pactar con el cansancio y dejarse llevar hasta el final, o sacar fuerzas de donde parece no haberlas y seguir, superándose a uno mismo.

Normalmente, cuando se elige la primera se llega más descansado, pero después viene la sensación de que se podía haber dado mucho más. Por otro lado, cuando se opta por la segunda uno suele terminar satisfecho con su esfuerzo y también con los resultados obtenidos.

Pues también como cristianos podemos vivir así. Siendo gente de pequeñas competiciones, de grandes eventos, de días contados en los que se da todo. Pero cuando llegan tiempos como éste, nos damos cuenta de que tanto la Cuaresma, como el seguimiento de Jesús son una carrera de fondo. Es verdad que hay momentos de mayor energía que otros y que no se puede estar siempre a tope. Pero también es cierto que no todo son grandes eventos, y que la batalla se juega en las cosas sencillas de cada día.

Quizá este sea un buen momento para revisar cómo va la Cuaresma y elegir cómo quiero terminarla. Las opciones están claras, pero hay que elegir si se quiere seguir caminando a pleno rendimiento, o si se prefiere hacer un paréntesis y dejarse llevar hasta el Domingo de Ramos.

Dani Cuesta sj

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