Martes 13 de marzo: el perfume del perdón

«Hasta setenta veces siete.  (…) Como yo tuve compasión de ti» (Mt 18,22.33)

Hace no mucho tiempo, salió al mercado un nuevo perfume para hombre, llamado “7“. Como muchas otras exquisitas fragancias, su precio es bastante elevado, pero sin duda tiene un olor penetrante y característico. Una vez me dieron un frasquito de muestra, y me encantó (pero se acabó muy pronto, obviamente). Su olor —según los creadores del perfume— mezcla siete elementos. Dijeron que querían darle un toque “espiritual” a este perfume, y por eso incluyeron en la fórmula el incienso. Parece que recordaban las palabras del salmista, y querían que el perfume fuera «como incienso en la presencia de Dios» (Sal 141,2). Y con el “7” le daban también ese aire sagrado, de plenitud, que tiene el número bíblico.

Pero sabemos que hasta el olor del mejor perfume desaparece al cabo de unas horas. Incluso el de este “7“… No penetra en nosotros, sólo se queda en la piel, en la superficie. Es como el perdón que se recibe sin que llegue al fondo de nuestro ser. Como el perdón que se da por cumplir, pero no de corazón. «¿Hasta siete veces tengo que perdonar?», le preguntaba Pedro a Jesús. O lo que es lo mismo: ¿me vale con echarme el perfume? Sabemos que para Dios no vale con “cumplir” siete veces, por muy buena fragancia que desprenda ese “7“.

Cuando se me acabó el frasquito de “7“, compré en Mercadona un perfume más asequible y ordinario, que suelo echarme a diario. Se llama “Como tú”. Te propongo que esta noche en tu oración, mientras repasas este día, escuches la pregunta de Jesús: «¿no debías tú tener compasión de tu hermano como yo tuve compasión de ti?». Y te propongo que cada día pongas en tu corazón unas gotas de esa fragancia sencilla y cotidiana: la del perdón y la compasión que se construyen desde dentro, desde la experiencia de volvernos hacia Dios y hacia los hermanos. Para ser compasivos como Él. Para ser como Tú, Señor

Guzmán Pérez, sdb

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Un pensamiento en “Martes 13 de marzo: el perfume del perdón

  1. Cuando he leído tu reflexión, Guzmán, mi pensamiento me ha remitido a mi clase de infantil. Cuántas veces los niños se pegan y el “agresor” inmediatamente le tapa la boca al “agredido” y le dice muy nervioso: ¡¡¡perdón, perdón, perdón!!!, para que la seño no le oiga llorar y no le caiga a él algo más gordo. Un perdón de boquilla, fruto del miedo a las posibles consecuencias. Está claro que ésta no es la mejor manera de pedir perdón. Pero a mí lo que no me deja de sorprender, todavía, a pesar de los años que llevo con ellos, es la capacidad de perdonar que tienen: la historia queda cerrada con un abrazo en toda regla y el atisbo de una sonrisa, aunque aún queden rastros de las lágrimas derramadas. Y es que creo que para poder perdonar de verdad tiene que haber un perfume especial con los siguientes ingredientes: en el corazón, la inocencia y la humildad; y en la mente, limpieza de malos pensamientos y prejuicios para poder olvidar. Esto lo tienen muy fácil los niños.
    Quizás tengamos que aprender algo de estos pequeñajos y “dejar que se acerquen a nosotros”, a ver si así se nos pega algo de su perfume,
    Gracias, Guzmán, también a ti por “tu perfume”. Buenas noches.

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