Domingo 4 de Marzo

Mc 9, 2-9. What’s in a face?

Adrian Mutadza, 6 años, Ruwa (Zimbabwe).

«What’s in a name?» Así comenzaba un famoso verso del gran poeta inglés W. Shakespeare. ¿Qué persona se esconde detrás de un nombre? ¿Qué puede llegar a albergar una palabra? ¿Qué hermoso tesoro puede anidar a la sombra de unas cuantas letras?… Estas preguntas filosóficas, no aptas para estas horas de la noche, fueron adaptadas, algunos años después, por un vecino irlandés del autor de Romeo y Julieta, el cuál optó por musicalizar la poesía y llenarla de compás, me estoy refiriendo a Gilbert O’ Sullivan. Él cantaba en los 70s: «What’s in a kiss?» intentando hacer caer en la cuenta de la explosión de emociones y sentimientos que se encierran en un beso.

Pues hoy yo me voy a permitir hacer mi propia versión del verso de Shakespeare: What’s in a face?” o lo que es lo mismo: ¿Qué se esconde detrás de un rostro? ¿Qué mundo se encuentra recogido detrás de un semblante? ¿Qué historia se resume en una lágrima acariciando levemente una mejilla? ¿Qué situaciones se dan la mano y convergen en una sonrisa? ¿Qué pasado y que futuro se dibujan en el presente continuo de una mirada? ¿Qué nombres, qué besos, qué heridas y qué sufrimientos balbucean tímidamente sólo contemplando una cara? Basta con mirar el rostro de Adrian, el chico de la foto, y dejar que sus ojos, sus mejillas, su boca, en fin, su cara nos narre su vida, nos presente a su familia y nos abra su corazón.

El Evangelio de este segundo domingo de Cuaresma nos invita a contemplar un rostro, a mirar fijamente a los ojos, a dejarnos interpelar por una cara… y nos cuestiona radicalmente: What’s in Jesus’ face?

Y es que del rostro de Jesús brota a borbotones la grandeza de una experiencia inabarcable. Del rostro de Jesús se traduce la certeza de saberse tremendamente amado por su Dios. Mirar a la cara a Jesús es descubrir la cara de un hijo en brazos de su Padre. El rostro de Jesús es una fuente inagotable de vida y esperanza. La mirada de Jesús tiene un destello especial porque no brilla para sí, sino que alumbra y calienta hasta el punto de hacer exclamar a los que tiene cerca: ¡Qué bien se está aquí! Esta experiencia de amor que vive Jesús, y le cambia la cara, es tan indescriptible, tan alucinante, tan desbordante, que los evangelistas lo resumieron en una expresión, tal vez hoy, un tanto extraña: Transfiguración.

Un rostro transfigurado es un rostro que habla de amor hasta el extremo, de un hijo y de su padre, de un desierto y de un encuentro, de vida en abundancia, de abrazos, de nombres, de besos.

Ojalá esta Cuaresma nos recuerde que estamos llamados a vivir con rostro transfigurado. Que nuestra mirada haga exclamar a nuestro lado: ¡Qué bien se está aquí! Que cuando se crucen con nosotros puedan preguntarnos llenos de sorpresa esperanzada: What’s in your face?  

Buenas noches y un abrazo desde el Sur del África Negra.

Manuel Ogalla cmf

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