Viernes 2 de Marzo

Cuaresma, un seguimiento desde el equilibrio

                Muchas veces te miro y veo en ti a alguien que rompió con todo. Entonces me dan ganas de comenzar una nueva realidad, de salir de los moldes, de las instituciones, de la sociedad… pero al final todo esto se me queda vacío y no te encuentro, porque en el fondo ahí no estás tú.

Otras veces pienso en mis capacidades y mis logros, en todo lo que puedo hacer dentro de esta realidad, sin ser crítico ni mojarme. Me imagino triunfando, con una vida hecha y todo solucionado. Pero veo que aunque piense que lo hago, aquí tampoco hay hueco para ti.

Es entonces cuando me siento desconcertado y débil. Como un barco sin rumbo fijo, como un paisaje sin claridad, y me empiezo a pelear con mis miedos e incertidumbres.

Sólo en ese momento, cuando dejo de ser autosuficiente, cuando te pido ayuda desde el corazón y no solo con los labios, resuena tu palabra en mí como si nunca antes la hubiera escuchado: nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley.

Desde ahí descubro que si me salgo de todo lo establecido no consigo llevar tu mensaje a todos los lugares. Y si confío solamente en mí, construyendo mi propia vida queriendo retener todo lo que tengo, tampoco logro avanzar detrás de ti.

Sólo cuando te miro, y veo que fuiste uno de tantos, pero no como tantos, que cumpliste la ley, pero no por ella en sí, sino para llevarnos al Padre, veo sentido a muchas cosas de las que hago. Entiendo que no puedo salirme totalmente, pero tampoco amoldarme a todo o quedarme en el pasado. Es esta la realidad en la que me llamas a estar, y tengo que vivirla contigo, de un modo distinto, pero desde dentro. Solo así consigo encontrarte en medio de todo sin alejarme de los demás. Solo así puedo llevarte conmigo a todo lo que hago, a tanta gente que no te conoce, a veces con las palabras, otras simplemente con mi vida. Sólo así entiendo lo que significa anunciar el Evangelio.

Dani Cuesta sj

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Un pensamiento en “Viernes 2 de Marzo

  1. Cuando salimos de nosotros mismos para vivir, desde la mirada de Dios, la realidad que nos rodea -como Jesús hizo viviendo su propia realidad desde la mirada del Padre-, es cuando podemos alcanzar el verdadero equilibrio. Un equilibrio que no suele coincidir con la mirada de los ojos del mundo, porque la misma cruz de Cristo es un escándalo y una locura; es lo que tiene el amar hasta el extremo.

    O como dice la Hermana Juliane Vasconcelos en su escrito “Locura de amor por Dios”: El Espíritu Santo nos pide que adoptemos ciertas actitudes que para los ojos humanos son vistas como delirantes, exigiéndonos una sumisión a Dios sin reservas y un completo olvido de sí mismos. Esta realidad está muy bien expresada en la súplica hecha en una conocida Consagración al Espíritu Santo: “Que mi amor a Jesús sea perfecto, hasta llegar a la completa enajenación de mí mismo, a aquella celestial demencia que hace perder el sentido humano de todas las cosas, para seguir las luces de la Fe y los impulsos de la gracia”.

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